23 feb 2008

NARRATIVA "Acerca de la Escritura"

¡Dios!... No, en realidad va con minúscula, pero como enseñó Olinda en segundo grado de la educación primaria, al comienzo de la oración va con mayúscula.
Estoy escribiendo tres cosas a la vez: esta epístola, un ensayo y un texto narrativo. ¡Qué increible es lo que pasa cuando se escribe! Comencé con ese cuento que menciono. No aguanté la idea de menos es más: me pasé al ensayo. No aguanté tampoco, me pasé a la carta. Epero no tener que recurrir a nada más.
Qué hermosas son las dobles negaciones que nos permite el castellano: espero no tener que recurrir a nada más. En inglés será " espero no tener que hacer algo más".
He visto en estos días que el proceso de escritura implica ciertas nociones pre-sabidas, antes de sentarse a escribir. Pero que, curiosamente, se aprenden estando jugando. Permaneciendo dentro de la escritura es como se aprende a escribir. (Esta última oración parece un aforismo) Empacho creativo. Así se llamará mi libro.
Decía: Cuando uno escribe, las ansiedades no han de mezclarse en el texto, sino que debemos dejar que la gran multitud de sentires permanezca en el subtexto. No puedo dejar todo masticado en la boca del lector porque es un asco. Necesariamente tengo que condensar en la menor sutileza que me ofrece el lenguaje y operar con la lengua (aunque suene gracioso) para lograrlo.
Ayer o anteayer Marcela (la bibliotecaria de ETER) me leyó un fragmento de su libro en proceso. Un párrafo que le costó doce horas de trabajo. No lo recuerdo textualmente, pero es eso de decir en base a las imágenes sensoriales. El ensayo es conocimiento, la novela es la vida dice no sé qué autora. Creo que ambas cosas tienen un poco de las dos, tanto el ensayo como la novela. La vida misma está en cada palabra que se escribe. En cada conjunción de esos veinticuatro elementos del abecedario uno desnuda su alma y su mente.
Escribir tiene convenciones, claro. Sólo por preservar qué es arte. El arte es un contrato tácito de comunicantes. Yo escribo y escribo a alguien, presuponiendo que en algún momento lo leerá. Más, presupongo la existencia de ese alguien, pese a no estar ciento por ciento seguro de que así sea. Ejemplifico: ahora mismo, en este momento en que para vos es pasado, pero para mi es presente, ahora que estoy sentado en mi computadora escribiendo estas palabras, te imagino leyéndolas en otro tiempo y espacio, quizá con sol y en el patio de tu casa que hace un tiempo era también la mía, tomando mate, fresca - así me gusta imaginarte - y ni siquiera sé con exactitud si tales cosas sucederán.
Pero nos gusta el placer. Por eso uno se comunica, porque es sexo puro. Así, como en el sexo, en la escritura las convenciones están sólo para dar un marco a la creatividad. Cuando me he referido a las orgías he cuidado hacer referencia a la orgía de sentidos: las verduras, los alcoholes y las carnes se funden mezclando vida por todos lados. Unas se muerden, otros se beben, otros se morfan (perdón si suena impulsivo) sin estereotipos, sin premeditaciones, sin esperanza. Tener sexo y escribir es ir caminando a las derrotas diarias. Arte es desesperanzarse. Y la esperanza no sabe de estamentos.
A un tiempo veamos que el Arte es conjurar, seleccionar dentro de las libertades que nos brinda la consiencia. El arte es crear sin deliberaciones lo que inevitable y unicamente somos capaces de crear: aquello que nuestro inconsciente nos entrega en pequeñas dosis. Las creaciones como ya bien sabemos y sin ánimo de ser reiterativo, son resignificantes, nuevas. ¿Cómo creer entonces que el arte es caminar hacia la destrucción de las cosas? Bien, una cosa no niega a la otra.
El camino a la deseperanza tiene impertérrita la construcción de una nueva imagen. Un ser que cambia su tiempo y espacio, que opta por otro (acabo de borrar mi error: poroto) que comienza a considerar más oportuno. Yo decido matar algo para reubicarme en otro lugar y tiempo.
El camino a la construcción pasa por una etapa previa, que la antecede fundandola: la deconstrucción.
Vale ver que la decisión se produce sólo en la selección de las palabras. La decisión en sí no es consciente en el momento de elegir qué cosa desentrañar, sino de qué modo desentraño.
Hilemos finos, seguime. Cuando eligo una palabra, decido. La idea subyaciente al texto (más, al subtexto) o simplemente la razón psicológica de la escritura se evade de todo fundamento de decisión.Quiero retomar. Uno camina el derrotero al escribir. Uno crea al escribir. La escritura, al fin de cuentas, reúne dos partes del ser en perfecta armonía: pulsión de vida en antítesis a la pulsión de muerte, compensándose y necesitándose en el momento de cada letra. Escritura es equilibrio.
Deleuze decía que "literatura es salud". En ese sentido concuerdo con el francés. O con los franceses, porque Lacan decía lo mismo, casi. Escritura es paciencia, es ver y vivir cada palabra antes de escribirla. Es reiterar el Ser sin reiterar escritura. La técnica es herramienta. La narrativa es la esencia. La literatura es, entonces, una mezcla de técnica y narratividad. Un momento en que se dice lo que no se sabe que se está diciendo, pero mágicamente se elige el cómo decirlo.
Dentro del estamento, será arte. Fuera, seran no más que un conjunto de palabras. Pero siempre es válido el ejercicio por si mismo, en tanto veamos que la vida entera (y parte de lo desconocido) está en cada garabato que intenta perpetuarse sólo para que alguien lo descubra y le de un soplo de vida nueva.

ENSAYO "La función del agua en la obra de Eclio Giusto"

LA FUNCIÓN DEL AGUA EN LA OBRA DE ECLIO GIUSTO.
Reexposición del ser histórico a partir de lo creado.
(Segundo Premio. Concurso de Monografías Grupo Itén 2007)
Septiembre de 2007.
"Enfermo estaba y ese fue, de la creación, el motivo. Creando, convalecí y,en ese esfuerzo, sané". Heinrich Heine.
TEMPORALIDAD DE LA CREACION
¿Cuándo sucede mientras sucede?
¿Qué hay de búsqueda de identidad a lo largo de las búsquedas creativas?Cada instancia creativa es en realidad una representación, una nueva postulación de la calidad humana. A través y en cada creación, el ser humano, en efecto, se crea a si mismo una nueva imagen de lo que es o de lo que quiere modificar. La creación es un llamado urgente a la vida, al ser. Construcciones que toman cuerpo mientras son atravesadas por innumeros hechos ajenos a la persona creadora, a lo creativo lo atraviesa la sociedad misma, que desempeña su función de sociedad, de margen contextual. Para acrecentar esta idea, cabe leer a Cornelius Castoriadis , donde indica que al existir carencia de representaciones sociales aparecen los problemas relacionados a la carencia creativa.

Retomando, esta construcción puede ser llamada Creación Reconstructiva y Resignificante. En este plano, Eclio Giusto fue el más grande creador que tuvo Gualeguaychú; mayor en cantidad y en variedad. Ya sea el "canguro que fumaba" o simplemente la idea de dinamitar el río Gualeguaychú (con sus consecuencias: recordemos que era formalmente un empresario de la arena que se sedimenta en el río mencionado), sus obras arquitectónicas que cantaban junto a la vanguardia planteada por Le Corbrusier y todo el racionalismo claramente visible en la arcada de la Arenera Lázaro Giusto e Hijos, su aplicable sistema de cangilones para el dragado, las casas de juego que creaba para sus hijos, sus pesebres, incluso las partituras, su oratoriedad límpida y concisa tanto como clara y pertinente, hacen de Eclio Giusto el mayor expositor de la cultura de la ciudad.

Eclio es vanguardia en su obra. Las vanguardias tienen la característica de permanecer y dejar su huella en las actividades culturales de una época determinada, pero sin salir a la luz de lo académico. La vanguardia marca los pasos que más tarde o más pronto serán seguidos y se desarrollarán intersticialmente por la sociedad cultural, la sociedad constructiva y constructible, la sociedad creadora de nuevas representaciones sociales.

Al crear, el creador (llamémoslo también autor) deja una marca en el tiempo y en el espacio; la creación, más aun la obra artística, es un camino a la cura psicológica, pero indudablemente es una puerta de transportación espacio-temporal donde lo que se postula no es más ni menos que la idea de Hombre presente y consecuente a su presente y actuante en su adaptación activa a la realidad en la cual vive. Pero más allá de la importancia que la creación tiene para su época histórica, hay que agregar detenida relevancia a la visión de futuro que hay en cada acto creativo. El creador toma las pautas de su presente, crea en el presente hablando desde su pasado constitutivo, pero con una noción de futuro; como se señaló, con una noción espacio-temporal distinta a la que ve parir su obra.

Ésta visión de futuro está atravesada por miles de cosas: conocimientos duros (técnica) sentido estético, traumas, ética, historicidad, ambiciones, ideología...elementos que no permiten una elucidación explícita del objeto artístico. Esa proyección es el resumen de lo que el creador quiere decir a la sociedad, el futuro resultante de su obrar es el mensaje mismo.
Cada uno de esas creaciones dicen claramente lo que el autor quiso decir, pero a destiempo. Las obras no suelen ser comprendidas en su época, sino que necesitan de cierta distancia propicia para la lectura de un suceso.

OBJETOS DE CREACIÓN
¿Qué crear para crear otras cosas?
Eclio Giusto no acotó sus márgenes, como el río que lo veía diariamente; Eclio creyó y creció en su propia creación, en su propia obra, en su propio arte, para la envidia de la ribera arenosa. Durante años la obra permaneció callada, silenciada. El silencio no habla, pero dice, el silencio dice desde su soplo, como señala Hugo Mujica. En este decir y en este silencio, se entiende nuevamente que la obra misma dice su mensaje y es hoy, más que nunca, que Eclio vuelve con su vigencia a decir a viva voz que Gualeguaychú es una de las más importantes ciudades creativas de Entre Ríos.

Hay algo claro de la obra de Eclio: Todo puede y ha de ser creado con un sentido de progreso ciudadano; comprendiendo el progreso como una evolución del sujeto social que se encuentra a si mismo en la búsqueda constante de nuevos sistemas vinculares; implique esto el plano familiar, el laboral o el civil-público mismo.
El impacto de la creación en la sociedad es el mensaje del autor, el creador dice lo que su obra genera, así como el orador dice no por sus palabras sino por el impacto pragmático de éstas . El mensaje es lo que perdura, implacable e incansable a la espera de su tiempo.Cuando el arte dejó su locus y se dispuso en nuevos loci, pasó a tener cierta “funcionalidad” sobrepasando la simple apreciación estética . La arquitectura y el diseño industrial son claros en esto; las nuevas tecnologías, los nuevos materiales y las nuevas corrientes estéticas nacen de la mano de nuevos objetos comunicacionales. El racionalismo francés expresa claramente cuáles son estos nuevos espacios del arte: se convierte en algo “habitable”, tocable, excede el sentido de la visión y se conjuga con los otros cuatro nunca antes unidos en una misma obra. Eclio marca la diferencia en la ciudad, su obra llama la atención en conocedores de todo el país y más.
No son los objetos lo importante, sino el sentido de la creación. En esta búsqueda de decir lo semidicho, Eclio crea, como azarosamente todo cuanto se le presenta: juguetes, casas en árboles, silos, música, fuentes, ascensores. Crea para decir, para ser tiempo, para ser histórico, para construirse construyendo. Y una vez que lo hecho está vuelto obra, esta obra ya dice sola.En concreto, la obra de Giusto nace de su profundo conocimiento del contexto en el cual se desenvolvía: conocía sus límites marcados y sus promesas extraterritoriales. Una vez más, al igual que la obra, el autor habla a destiempo, pero en esta ocasión adelantándose.

ESPACIALIDAD DE LA CREACIÓN
No transitamos el agua: va detrás de nuestros pasos, indicándonos por dónde andar.
Al rever las obras creadas por Eclio no se puede obviar el detalle del agua. Su contexto creativo se basa en el agua, sus obras transcurren o encuentran espacio desde el agua: los silos, los sistemas de remo, canoas y móviles acuáticos, el ya mencionado proyecto de minado del río, etc. Sus planos de casas, sin ir más lejos, pueden ser vistos como habitáculos inspirados en el diseño de embarcaciones. El agua atraviesa la creación de Eclio: la fuente emplazada en el centro de la ciudad quizá sea la reivindicación de la función del tiempo en el contexto histórico de la ciudad:
“Mirar el río, hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río.
Saber que nos perdemos como el río,
y que los rostros pasan como el agua.(…)
Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo.”

Giusto plantea la problemática del tiempo a lo largo de su producción creativa. El suceder planteaba preguntas que se respondían siendo, simplemente, creando, sin más secreto. Y, en consecuencia, los que pueden ver esas afirmaciones, esas respuestas, somos quienes no estábamos creando con Eclio. Él creaba consigo mismo, desde sus inquietudes y dolencias; nosotros vemos desde nosotros conjuntos, desde nuestras expectativas y aspiraciones.
El ser, el existir encuentra su forma y su sentido en el tiempo, en la historia y en los objetos. El tiempo marca el ritmo; un pasado modelador y un futuro ansiable para un presente apenas perceptible y pragmáticamente gigante. Una historia con un mensaje configurado desde un tiempo anterior y cambiable desde la urgencia del mensaje que se dice. Objetos que son, justamente, el mensaje objetivizado en una obra artística que es nacida desde el presente del creador con un sentido de cambio intersticial de la historia heredada, para hallar en el hacer un nuevo sentido del ser.
La Obra de Eclio Giusto, desde su polisemia y plurisgnificancia, muestra, desde un claro lugar de vanguardia, el planteo del Ser en Tiempo, de ese “Da-sein” heideggeriano, ese “Ser-Aquí” en toda su consecuencia, aquel hic et nunc latino.

Cuando se piensa en los creadores de una ciudad y el impacto de su obra (vida, acordemos) en los coterráneos, ha de verse cómo transita, cómo se mantiene y cómo funda. Y un mensaje que crea creación merece cierto respeto.Eso sucedió con la creación de Eclio. Muchos años pasaron, pero por fin llegó el momento de considerarla, por fin la creación dejó el “boca en boca” y se institucionaliza para que reciba el reconocimiento que posibilita nuevas creaciones; la obra de este creador paso muchos años entre polvo aunque está claro que su transitar fue constante, recorrió el tiempo sin perecer, supo conservar el mensaje a decir, para decirlo cuando sea pertinente. Hoy.
Lo objetivo de ese mensaje, la obra creada también dijo; y dijo tanto que permaneció emplazada en sus lugares y en la memoria de la ciudadanía aun sin saber nada de Eclio. La arcada de la arenera (aunque con el agravio de nuevas empresas), la fuente de la Plaza San Martín son claros ejemplos de trascender y de mantenerse diciendo ese mensaje objetivizado. Esta fuente, por ejemplo, perfectamente circular y respetuosa del trazado urbanístico – véase que no está en el centro de la plaza sino en su vértice sureste – se instala en el seno de las Instituciones de la ciudad: Jefatura de Policía, Catedral, etc. En ese decurso “de las cosas y del tiempo”, se encuentra el tiempo en sí. Y quizá, viéndola más detenidamente, la fuente ni siquiera sea circular, sino, desde el epicentro que forma en su forma, un espiral ascendente; viceralmente atravesada por la verticalidad, pero espiral ascendente, en progresión positivista.
Y así como esas obras hablan desde la permanencia intacta en el sitio emplazado, otras lo hacen desde el recuerdo: el canguro, los pesebres, la polea que dejaba que los niños se deslicen en el espacio y el tiempo, en la plaza lindante al río.Y cuando algo motiva a la indagación, a la escritura o a la evocación emotiva, funda. En este sentido, el creador y lo creado gritan para que se oiga lo desoído por lustros, dice lo dicho pero ignorado, reclama acción sin reclamar. La Obra de Eclio Giusto facilita la creación, por eso es Reconstructiva; a un tiempo que plantea una nueva consciencia patrimonial llevando a una Resignificación de la identidad ciudadana.
Eclio Giusto es el creador más importante que tuvo Gualeguaychú porque hizo cuando no se hacía, porque ese hacer fue tan noble que implica nuevas creaciones y porque el sentido de innovación motiva a nuevas instancias de resignificación para la constitución de una nueva concepción de sujeto histórico que crea en su contexto, con sus herramientas y sus saberes un nuevo ser adaptado activamente a su realidad.

El arte suele ser como el agua, que viene en materia y espacio transitado y modifica las costas donde sucede.
Bibliografía Citada.*Castoriadis, Cornelius.*Delueze, Gilles. Crítica y Clínica. Anagrama, 2000*Mujica Hugo. El soplo Inspirador. Ponencia en el Seminario Central del Centro Psicoanalítico Argentino “La poética en el Lenguaje para Lacan y Heidegger”, Oct. 2007, Buenos Aires*Watzlawick, Beavin y Jackson. Pragmatic of Human Communication.*Maquet, Jacques. The Aesthetic Experience, An antropologicalist Looks at the visual Arts. Yale University Press, 1986. Borges, Jorge Luis. Arte Poética
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NARRATIVA "Fingir"

FINGIR
Cesare Pavese: El poeta finge no saber lo que ya conoce.
¿Qué haré ahora? Fingir: que no te conocí, no te comprendí, que no estaba apto... cualquier cosa, fingir cualquier cosa.
Anteayer tocaba tu cuello con estas manos que hoy se han de conformar no con la tersedad de tu cubo, sino con la aspereza de estas hojas. ¿Pero mi lengua? No besaré un papel como antes besaba tu cara. No... sé.
Hoy me gana la incertidumbre, si era de día o de noche, si era verano o todavía primavera, si lloré yo o lloraste primero.
Finjo extrañeza. Que te extraño finjo? Asombro, ante el vacío ante el abismo, ante la cercanía del todo. El vértigo de Kundera. Pero sé que estas manos no tocarán tu cuello intácto y perfecto. Ni podré peinar y despeinar tu perfume, ese halo que emanás cuando te bañás y cuando caminás -si es q aun hacés ambas cosas-
El primer poema fué un asco, hoy me doy cuenta. Mal escrito, mal versificado, mal dispuesto. Éste es lo mismo, quizás, porque no merecés otra cosa que un final coherente, que un adiós sin pausa y sin rima.
Qué espanto te mordió las uñas cuando dormías? Anteayer, dormías a mi lado, te besaba, te lamía, te olía entera... tu cabello era como una sábana que cubría mi hombro, como una sábana privada. Hoy y ayer, tu pelos no han sido más que pelusas dispersas en el lavatorio y en la tina del baño, molestias varias, diminutas y eternas (pareciera que se regeneran para reventar mi aguante) Hoy, cenizas, desechos. Y esta tristeza.
¿Qué haré ahora? Levantarme y escupir tu foto, salir a la calle y buscar nuevas caras, nuevos oficios de amar para llorar mañana en su pechos, en sus manos alguna nueva pena, aunque yo sepa, profunda e intimamente que no lloro más que el vacío de vos, de tu cuerpo en mi cuerpo, de tus manos en mi cara, de tu cabello en mis hombros, que como una sábana privada, me arrullaban todas las noches antes de dormir.
Pero dormiste vos. Y al otro día te fuiste. Anteayer. Rompiste el conjuro y no puedo hacer nada, sino fingir. Todo hubiese sido perfecto. "Todo hubiese" dije, la gracia del condicional.
Finjo para mantener el encanto de lo que te había prometido (sufrir en tu ida)Finjo, porque yo cumplo mi palabra, y no dejo pelos en el baño ni cenizas en las sábanas.

CRONICA Recital de Liliana Felipe en Argentina

Cuando la música recorre distintos caminos, es inevitable pensar en aquellos que hacen del arte, un acto de resistencia clara y en los que exponen en cada canción una semblanza de la historia y la memoria. Sin ser por eso densos, gomosos, casi apelmasados como los libros de historia mentida que comemos como bestias durante nuestra formación académica.
Llegar a la simpleza del mensaje dentro de la complejidad comunicacional, es un proceso que lleva años de indagación, innumerables luchas y gigantes satisfacciones; la unidad entre lo que se quiere decir y lo que se entiende, es quizá el mayor punto en el cual trabajar.
Cuando se sienta al piano, cada una de las escenas pretendidas se recrean en la atmósfera que la contiene. Las historias, entonces, toman cuerpo y sangre... y las luchas cobran el sentido y la forma que en sueños tienen, se vuelven objetivas y urgentes.
El humor ha de ser un recurso a la hora de tocar temas tan delicados como recientes: la dictadura genocida y bruta que los pueblos latinoamericanos vivieron en las ultimas tres o cuatro decadas y todos sus derivados perversos. Insisto en esto: el humor como herramienta de abordaje de temas tan complejos como los intentos sistemáticos de exterminios de la constitución social, la fundación de la memoria emotiva, las estructuras sicológicas de los sujetos, la incertidumbre de no saber, el amor y sus odios; al fin y al cabo, cada una de los vaivenes de las personas.
Cuando se sienta al piano, todo se recrea. Pero no es solo el piano. La necesidad del cuerpo contenedor de la voz - recordemos a Da Vinci: "Alli donde hay voz, necesariamente hay un cuerpo" - y el escenario que no es sino la plataforma sólida que permite el delirio artístico. Todo parece un sueño, excepto el estar despierto y consciente.
Canciones que retratan el romanticismo de la compositora: "Te voy a arrancar los ojos como a una vaca; y me voy a hacer un licuado, pa' que me veas desde el fondo, del fondo del vaso, pa' que me veas. Licuados tus ojos, licuado tu amor. (...) Te voy a chupar todo el protoplasma, todo el protoplasma te voy a chupar. A ver que haces sin protoplasma a ver..."
Liliana Felipe es mucho: compositora, cantante, pianista, actriz, mujer, cordobesa de mierda, anticlérica, comunistoide, puta, enóloga... Liliana Felipe es artista. De muchas cosas se la puede acusar, si es que alguien puede emitir juicio. De lo único que no se puede acusar a Liliana es de ser una mentirosa. Lo mínimo que se debe hacer es reconocer su siceridad artística y su entrega artística a esta sociedad tan despoblada de arte.
Su puesta no es una típica muestra de música; es mucho más complejo que eso... es una especie de teatro de los sentidos, un recreo para el disfrute pleno, un espacio para la satisfacción de nuestras apetencias. Gozo, placer, pereza, broncas, ironía; (las puestas de Liliana Felipe son complejas) metafísica, teatralidad, pantomima, lagunas diversas, solfeo, arrullos; quizá los terrenos a transitar sean dificiles de encaminar porque nos tocan las fibras, todas; fuego, alcoholes varios, cruces, forros y mucho sexo (del bueno) y otras grajeas.
La Iglesia Católica y sus mecanismos de control, el Estado y sus obsiciones de poder y no de gobernabilidad, la amnesia sistemática, el arte academisado y no sé qué otras porquerías van a venir a hacerla callar; pero la Felipe sabe demasiado, incluso sabe que aunque la callen muchos la van a escuchar. Todo encuentra espacio en cada puesta de Liliana.
Con la contradicción del ser Latinoamericano, con la dicotomía de ser argentina y mexicana, habiéndose casado y divorciado en el mismo momento, con la elegancia suficiente como para cantar sentada en un inodoro sin quedar desagradable; con la complejidad necesaria para mover el estrado más emocional de los convidados, que pocos artistas tienen, Liliana Felipe les crea espacio y sentido a esas peculiares formas que tenemos los humanos de vivir, yendo y viniendo entre el espanto y la carcajada desenfrenada.
Todo, más lo incalificable, lo que sólo se siente sintiendo, todo eso más aquello con la única simplicidad de un escenario, su cuerpo, su persona y su solito piano.
Y cada uno de los compañeros del suceso, subimos por un rato al escenario, a su piano, paseamos por su cuerpo y recorremos nuestra historia en clave musical.

CRONICA "San Telmo de noche"

El diálogo fue así:
- No mires.
- ...
Un chico viene caminando, exagerando los movimientos, como si estuviese drogado. Jóven, 20 años, tal vez. Torso desnudo, junto a un amigo en una esquina. Quique fue rotundo: no mires.
El joven, mejor sería decir el pibe, viene caminando y se me acerca tanto hasta que su presencia se volvio intimidante. Su brazo izquierdo (literalmente el brazo) recorre parte de mi cara y mi brazo derecho. Mientras me embadurnaba con su sangre gritaba "tengo sida, tengo sida" con una intención socarrona y victoriosa.
Una hermosa mujer morena, con un pañuelo en su cabeza como corona, (hermosa, de veras) saca pañuelos descartables y me los ofrece. Comienzo a sacar de mi brazo y mi cara una cantidad enorme de sangre ajena.
Roja, entera, roja de vida. La tensión me escalaba las piernas ante tanta cantidad que no había calculado... era más que lo pensado.
El chico se fue. Qué se yo a dónde. No creo que importe.
La policía se quedó en la esquina, desde donde vieron todo con perfecta claridad. Yo me subí al colectivo que me trajo a mi casa.
¿Qué decía esos gritos que en palabras eran "tengo sida"? ¿Qué significa el abuso en estos casos? ¿Qué es la autoridad? ¿Qué es el sida, al fin de cuentas? Para algunos no es más que una situación cotidiana de las calles porteñas; digo, el hecho en sí. Para otros las preguntas que me formulo no es más que algo "demasiado psi o filo". Para otros no existe nada de lo que dije.
Objetos vestidos (a medias) caminan la calle viendo (a medias) otros objetos, no existen sino cuerpos (masas), cosas, en medio de tanta propia historia cosificada. Cuerpo ultrajado por la violencia que penetra y hace salir cosas (sangre). Cosas sin nombre, sin cuerpo, sin sangre. Con droga, con violencia con la propia cosa (que recordemos, es un Ser más allá del cuerpo objetivizado)
¿Importa a esta altura si ese chico tiene casa o si sigue todavía dando vueltas por San Telmo?
Puede ser que su grito, que ese sonido (cosa), haya tenido la intención de decir "transito y puedo ", pero eso también puede ser especular demasiado con mis propias lástimas.
Aunque - esto sí que lo pienso - el mensaje de "tengo sida" junto a la actitud corporal es "te voy a violentar". ¿Será correcto darle otra vuelta y pensar que ese "te voy a violentar" sea en realidad "comunico desde mi historia objetivaza desde la cual no sé otro modo de establecer el contacto entre las personas que se me antojan cosas"?
Lo fáctico, para la policía y el Estado de Control, se reduce a una cantidad inapreciable y fácilmente escupible de estupideces tan grandes que enumerarlas da asco. No es fáctico que ese chico pueda estar infectocontagiando a cualquier "sujeto de derecho amparado por la venerable constitución" (acordemos, su sangre tocó mi epidermis sana y no alguna de mis mucosas, lo cual pudo haber pasado). Tampoco es fáctico que insultar a otro sujeto de derecho sin tocarlo no es violencia... No. Porque no saben leer, pero tienen armas. No conocen ni las tapas del Código Contravencional ni del Código de faltas, ni de Patoruzú siquiera. La función más directa que le encuentro al Estado de control no es más que esa: controlar, pero ser inopreantes.
Resta pensar el sida. Resta ver qué es lo que le da poder al sida. Pensar por qué alguien (este pibe o quien sea) entiende que el grito de "tengo sida", como si fuese un grito de ¡aura!, es significante de "te doy tragedia" Resta pensar. También resta leer a Foucault y El Nacimiento del Biopoder. ¿Las enfermedades son sólo una disfrunción orgánica?

¿Hacia dónde habrá ido? ¿Habrá estado infectado de hiv? ¿qué significá ese grito? ¿qué es una enfermedad? ¿por qué esa violencia abusiva a la persona? ¿se ve como sujeto histórico? ¿Importa todo esto?
Claro que sí, porque yo sé que ese drogado-pelotudo-chorro-enfermo-de-mierda me reclama pensar y hacer. Hacer para volver a significar esa "cosa que camina (-cosa mecánica)" de una vez por todas, en un sujeto que transita y habita. Una persona que vive.
¿Importa todo esto? Claro que sí, porque yo sé que él no es una cosa, porque sé que él (inúmero) es una persona tan clara y tan difusa! Porque vive, porque espero. Porque creo. Porque hago. Por ser. Por que todo eso importa, simplemente.

NARRATIVA "Conjuro"

Yo sí lo recuerdo, perfectamente, como si no hubiese pasado más de un mes. Un mes, porque decir que hace una semana es poco tiempo y no es suficiente para asentar el sabor amargo.
Pensando con más acierto, ha de hacer doce años, o trece. En esas épocas, en esa casa pobre y luminosa - el sol se colaba por todas las aberturas -, chiquita, de ambientes extraños y confusamente diagramados, yo estaba solo, mirando cómo pasaban las horas.
El baño de esa casa debió haber sido un galpón, el galpón que guardaba la leña para afrontar el inviero y los asados debió ser patio; la huerta, ramada y la ramada entrada. La cocina, living; la habitación primera, cocina; la restante pieza, la primera... Pero todo era confuso, y así esa tarde. Sol, límpido verano tibio y enorme.
Yo estaba mucho más chico que ahora, era un nene, apenas sabía leer y escribir - pretencioso, arrogante y pacato, como era por ese entonces, creyendo que he variado demasiado - y tenía una disonancia alarmante con mi cuerpo y mi tamaño. Me sentía enorme, pero encogido, como el pan cuando se mete dentro de una taza con agua, pero a la inversa. Todo solía quedar a mi altura: el raz de la salamandra, la mesa, el espacio intermedio del aparador blanco abarrotado de fotos y recuerdos que nos mandaban o traían de aquí y allá para que tuviesemos un poco de la vida de los otros en ese resumido espacio lleno de imágenes de dudoso gusto, como si fuese necesario para nosotros; la ventana estaba justo a mi altura, la llave de luz, la traba de la puerta de entrada que no tenía picaporte ni cerradura (era verde, de una sola madera dura, muy verde como el marco de la ventana)
Me dupliqué en todo este tiempo. Si pudiera volver a recorrer esta casa que no existe más, seguro me causaría asombro corroborar que lo que estaba a mi altura (y que por su parte, me hacía enorgullecer) a todos les quedaba petiso y casi molesto. Pero cuando uno es un nene esto suele pasar: impactan cosas que otros ni siquiera ven.
Yo parado, chiquito; flaco. Pero no era verano, como dije, sino otoño y esto lo deduzco por las ropas, porque no recuerdo haber estado de pantalón corto, sino con un joggin viejo, azul, gastado y una remera en iguales condiciones. Pese a la realidad, como ya lo señalé, yo me sentía todopoderoso, implacable en el momento de la determinación de la amargura que necesitaba.
No recuerdo de dónde, pero saqué agua (supongo que de lo que era el lavadero, que debió ser galería), la junté y casi como una hazaña prendí la hornalla. Esperé ansioso, indeterminado, sin saber cuánto tiempo tenía que esperar. Decidí que ya estaba. Nunca lo había hecho, no sabía hacerlo, dudé si estaba bien y si no merecería reproche por eso... pero la duda no gana en los nenes. Ya estaba. Ahora quedaba el paso más importante. Y la decisión convirtió al impulso en pacto eterno. Lo armé, con nervios y excitación y con errores, seguramente; y sin tranquilidad pero con placer me animé a tomar el primero.Sucedió que la yerba hizo en mi alma una textura única y eterna; ahí fue donde se conjuró - en medio de esa casa y esa tarde y en ese nene de siete u ocho años - el más íntimo y renovador misterio.

NARRATIVA "Cada sesenta horas"

El día va, cada sesenta minutos una hora. Apacible e inapetentemente dejándome morir, viéndome desde algún vértice oculto en el gran plano de la ciudad que no me pertenece.

Mi cuerpo cada tanto sale de paseo por otros y con otros cuerpos, dolientes lo más, ausentes los menos, tristes casi todos.

Cuando mi lágrima, la última, cayó inevitable, lenta como catarata; cuando la lágrima reprochó soberbia; cuando la lágrima, la lágrima, ¿Cúando, la lágrima...

Y qué pasa cuando el día que pasa pasa. Porque si no pasa nada no pasa nadie. Porque nadie puede pasar por nada, nunca. O al menos hoy, día en que la ciudad que no es mía - o sea, que es de alguien - me ve, mientras los sensenta minutos - cada uno de sesenta segundos- van dejándome morir con impotencia y apaciblemente, mientras que esta lágrima pretende ser la última.

Algo está cambiando. Y si algo cambia, algo es, cambia alguien.El día va, cada sesenta minutos una hora. Apacible e inapetentemente dejándome morir, viéndome desde algún vértice oculto en el gran plano de la ciudad que no me pertenece.

Mi cuerpo cada tanto sale de paseo por otros y con otros cuerpos, dolientes lo más, ausentes los menos, tristes casi todos.

Cuando mi lágrima, la última, cayó inevitable, lenta como catarata; cuando la lágrima reprochó soberbia; cuando la lágrima, la lágrima, ¿Cúando, la lágrima...

Y qué pasa cuando el día que pasa pasa. Porque si no pasa nada no pasa nadie. Porque nadie puede pasar por nada, nunca. O al menos hoy, día en que la ciudad que no es mía - o sea, que es de alguien - me ve, mientras los sensenta minutos - cada uno de sesenta segundos- van dejándome morir con impotencia y apaciblemente, mientras que esta lágrima pretende ser la última.

Algo está cambiando. Y si algo cambia, algo es, cambia alguien.

RESEÑA DE DISCO "Río León" de Juan Bonaudi

A cada sonido le anteceden miles - eternos o históricos - que nos traen - quién sabe desde dónde - quién sabe qué cosas. Porque así es el candombe; las revelaciones de esos dioses negros se recrean en el chas chas de las lonjas, diciendo mensajes indescifrables por nosostros, orientales de este lado del atlántico.Pero no soy oriental del otro lado del rio-mar. Porque no hay otro lado. Tenemos la bendición de estar ahí, pegados a las aguas, pero no hay lados.Y así es el candombe: ecuménico, convocante, grupal. El candombe es confluir.

¿De dónde salen los llantos? Alguna vez le pregunte eso a un médico. Me explicó claramente el por qué de la salinidad de las lágrimas y cómo las glandulas posibilitaban la catarata. Igual no le creí, porque -y esto lo sé bien bien- las lágrimas y todo llanto nace de una milonga en re menor.Porque la milonga dice las particularidades de lo general, busca adentro de nosotros para cantarse a si misma una hermosa melodía, en cada suspiro.Es que pasa eso, ché; pasa que es inevitable no entender una milonga, porque la milonga habla con nuestras palabras, en las milongas nos encotramos completamente nítidos. En la milonga confluimos.

Cómo me tranquiliza ser oriental, pero oriental de este lado del Atlántico. Y cómo me gusta tener el río-mar aca no más, bien cerca de mi cama. ¿Será que a este gigante van a para todos nuestros sueños para encontrarse y hacer una fiesta?

Y cómo me gusta, la pucha, escuchar un disco que, como el candombe mismo y la milonga misma, me dejan confluir y acortar las distancias, recorrer el barrio y mojarme las patas en un charco que tiene la intesidad de un Río León. El que quiera lo mismo, entre a
www.juanbonaudi.com y conozca desde adentro - porque así se conoce a la música - el disco de este montevideano porteño, Juan Bonaudi.